Palabras
“La palabra es
mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”, escribió Montaigne.
Es como decir que lenguaje, es no solamente lo que uno dice sino también lo que
el otro, el receptor entiende.
Por eso “antes
de decir algo importante, ponte en silencio a pensarlo una vez más”. Cuando uno
tiene que decir algo importante, como dar una respuesta, un consejo, una
prevención, lo primero que tiene que pensar es que estar por hacer algo
importante, como dar algo de si, de su personalidad, de su riqueza. Por lo
tanto no se puede actuar o proceder con ligereza, con superficialidad, con pura
buena voluntad. No cabe de ninguna manera el apuro por método, por una especie
de profesionalidad y, quizás, con el hábito ambicioso que lo vean a uno como hábil
y expeditivo. Piensa que es muy importante y decisivo para ambos: para quien
espera y recibe tu palabra como una ayuda de vida y una guía en el camino, y
para ti, que entablas o puedes entablar desde ahora una relación especial con
la persona que se deja aconsejar y guiar por ti. Por eso debes pensar muy bien
las respuestas que vas a dar y las sentencias que vas proponer, para que quien
la espera no sea defraudado y tú no vengas al fin al ser descalificado, como
hombre superficial o consejo apresurado. Tomate todo el tiempo necesario como
el sabio para plantearse la duda y, después, para resolverla. No hagas ni digas
al menos con tanta seguridad lo que no hayas madurado en el “silencio
pensador…”.
Obviamente estas
líneas están escritas para todos, pero resulta de particular importancia para
quienes tienen el oficio de enseñar, aconsejar, dirigir, etc. Alguien podrá
pensar que son obvias. Sin embargo, cuanto más obvias parezcan más pronto se
las olvidan. Lo que trae también sus consecuencias.
“El hombre no
vive solo de palabras, a pesar de que algunas veces tiene que tratarse las
propias…”.
Los quiero Anahí…
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