miércoles, 11 de julio de 2012

Palabras...


Palabras

“La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha”, escribió Montaigne. Es como decir que lenguaje, es no solamente lo que uno dice sino también lo que el otro, el receptor entiende.

Por eso “antes de decir algo importante, ponte en silencio a pensarlo una vez más”. Cuando uno tiene que decir algo importante, como dar una respuesta, un consejo, una prevención, lo primero que tiene que pensar es que estar por hacer algo importante, como dar algo de si, de su personalidad, de su riqueza. Por lo tanto no se puede actuar o proceder con ligereza, con superficialidad, con pura buena voluntad. No cabe de ninguna manera el apuro por método, por una especie de profesionalidad y, quizás, con el hábito ambicioso que lo vean a uno como hábil y expeditivo. Piensa que es muy importante y decisivo para ambos: para quien espera y recibe tu palabra como una ayuda de vida y una guía en el camino, y para ti, que entablas o puedes entablar desde ahora una relación especial con la persona que se deja aconsejar y guiar por ti. Por eso debes pensar muy bien las respuestas que vas a dar y las sentencias que vas proponer, para que quien la espera no sea defraudado y tú no vengas al fin al ser descalificado, como hombre superficial o consejo apresurado. Tomate todo el tiempo necesario como el sabio para plantearse la duda y, después, para resolverla. No hagas ni digas al menos con tanta seguridad lo que no hayas madurado en el “silencio pensador…”.

Obviamente estas líneas están escritas para todos, pero resulta de particular importancia para quienes tienen el oficio de enseñar, aconsejar, dirigir, etc. Alguien podrá pensar que son obvias. Sin embargo, cuanto más obvias parezcan más pronto se las olvidan. Lo que trae también sus consecuencias.

“El hombre no vive solo de palabras, a pesar de que algunas veces tiene que tratarse las propias…”.

Los quiero Anahí…

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