martes, 25 de septiembre de 2012

Belleza...

Belleza
Lo escuche en una radio de la cual mi memoria no ha podido recordar. El cuento dice más o menos así. Un viejito caminaba con su joven acompañante. En un descanso del camino aparece un muchacho preguntando por una ciudad determinada. Tras explicarle que no estaba lejos, el joven caminante le pregunta cómo es la gente de la ciudad. “¿Cómo es la ciudad de dónde vienes?”, le replica el viejo. “Mala, injusta, llena de ladrones…”, responde el muchacho. “¡Que coincidencia! Así son también los habitantes de la ciudad que buscas”. Ante la palabra del anciano el joven sigue su camino, pensando en que todas las ciudades son iguales.
Al rato aparece otro muchacho preguntando lo mismo.
El anciano le repite la pregunta hacha al primer viajero, sobre cómo era la ciudad en donde vivía. “Hermosa, llena de gente linda, solidaria, amante de su tierra”, explica el muchacho con el rostro iluminado por la luz de su sonrisa. “! Que coincidencia! así son también los habitantes de la ciudad que buscas”.
Ante la contestación del hombre mayor, el muchacho siguió adelante con paso firme, en la esperanza de llegar lo más rápido posible.
El joven acompañante quedo perplejo ante el doble mensaje que acaba de escuchar. “Maestro: Te pido que me disculpes, pero a uno de los dos le mentiste. ¿Porque?”. El anciano lo miro con ojos dulces, mientras le aclaraba la diferencia: “Las cosas no son solo como son, sino también como somos”.
José María Moliner, en una página sobre la belleza, recuerda que “en la vida hay valores objetivos, que existen por sí mismos, y otros relativos, que dependen de la apreciación humana… La belleza es un valor relativo… El principal creador de la belleza es el ser humano. Cuanta más sensibilidad y limpieza tenga una mujer, está más capacitada para suscitar y hacer brotar la belleza. Todo es bello para el que tiene el alma limpia… Yo creo firmemente que amamos las cosas porque son bellas, pero también creo que las cosas son bellas porque las amamos”.
Si esto vale para las cosas, ¡Cuánto más para las personas!
Hay un viejo principio que dice: “Nadie ama lo que no conoce”.
Podemos cambiar la frase: “Nadie conoce lo que no ama”.
Los quiero
Anahí.

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